|
GLOSOFORA
Ja! Ich weiss, woher ich stamme!
Ungesättigt gleich der Flamme
glühe und verzehr ich mich.
Licht wird alles, was ich fasse.
Kohle alles, was ich lasse:
Flamme bin ich sicherlich!
Friedrich Nietzsche
Hasta esta hoja de poesía cruzaba un tránsito doblemente angustioso
Filiforme y anémico por esa misma calle sinuosa y a la espera
De que desmientan aquí tantas celebridades oficiosas no ceñidas al alma
Y que a pesar de su apariencia angélica clavaron un megáfono en la torre.
No me detuve a saludar con el sombrero sino quise saber qué los guiaba
Versos lluviosos para el día sin miedo y sin antorchas, sin casas ni cipreses
Tumulto y tregua la sangre cadenciosa de acento forestal y ala de sombra
O el estanque partido de aquella edad perpetua que entre la noche y yo
Volvimos terremoto, sed sostenida que dicta una elegía capaz del atropello
Las proas puestas con hasich y sirenas y oropéndolas muertas
A un puerto sin anclaje.
Convulsas las cosas transmutadas en desdeñosa memoria de pájaros sin nidos
días donde la tarde atribulada no recupera su heráldica purísima de alondra
Mientras la poquedad desbasta las raíces, los rumbos y los trigos
Y hasta octubre naufraga cualquier canto plural encenizado y yerto
Masqueda la orfandad de todo vértigo que ausente de un abismo se declina.
Es agónico el tiempo ante la eternidad sombría que persiste y acusa
Espinoso desierto, negro trébol de espanto clavado en la demencia
Que intenta esa liturgia sin caudales sino cirios urgidos de deseo absoluto
Acollarada y vertebrada en la faena del absurdo, hilachas de un oleaje
Que nunca encuentra costas, ni siquiera reflejo de humano acontecer.
Las cosas se conviven y existen de por sí más allá del sepelio de todas las palabras.
|